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Archivo de la categoría: reflexiones

NO TE HARÁ LLORAR 

“Quien bien te quiere, te hará llorar” dicen. ¡Mentira! No es verdad… ¿por qué tiene que hacerte llorar?

Quien te quiere bien te cuida. Te hace feliz. Te protege ante el daño que los demás pueden hacerte y te ayuda a defenderte, si es necesario. Pero no, detrás de esa basura popular sólo se ampara quien, en tu entorno más cercano, te ataca “desde el cariño” y como si fuese necesidad para ti.

No me refiero solo del mundo de la pareja: no todo el mundo tiene, aunque también aplica. Pero sí que todos nos movemos entre familiares y amigos que pueden confundir los límites con facilidad… Te convierten, muchas veces sin ser conscientes por esa dinámica habitual que utilizan, en un saco de frustraciones vitales para descargar sobre ti sus peores modales y palabras causando heridas en tu ser, que en ocasiones, no volverán a sanar.

Y debe resultar muy sencillo si el saco es estático y nunca regresa de los golpes, propiciando así un efecto bucle en el que cuanto más golpean, más resistes. Porque, claro, solo quien de verdad te quiere “tiene el coraje suficiente para hacerte sufrir con la verdad por delante” porque nadie más lo hará por ti. Pero son sus verdades. Sus modos de hacer. Su manera de ver las cosas.

Entonces tú, en tu ensimismamiento y conformismo autoimpuesto, en algún momento de tu vida tomas conciencia de lo que está ocurriendo. Despiertas a esa situación para confirmar que no te está gustando nada. Y quizás, solo quizás, en un arranque de fuerza trates de defenderte como buenamente puedas: unas veces desde el lado del resplandor positivo que no ciega, expresando con claridad tus sentimientos y dando lugar, así, al cierre de un capítulo de vuestras vidas para continuar por otro camino más enriquecedor; Pero otras veces, las más desde la oscuridad del ser, conviertes esa defensa en ataque furibundo, haciendo un uso insano de aquel saco de descarga con quien lo hizo antes contigo, con quien te quiere bien.

Y das la vuelta a las tornas porque ya no te hará llorar más… Hasta que más adelante, descubras con horror o satisfacción qué rol ocupas en la carga de hacer daño.

Pero quizás ya sea demasiado tarde.

 
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Publicado por en 24 abril, 2017 en cartas, microrrelato, reflexiones

 

MARTES

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Abrí los ojos y me encontré con un martes lleno de luz que olía a flores frescas de colores. ¿Era esa la huella que había dejado tu paso alegre en la oscuridad de mis mañanas?

Esta noche te espero de vuelta, con la verdadera penumbra tras las persianas. Devuélveme la esperanza, por favor.

 
 

EL POLVO DE TU ESENCIA

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He encontrado una manera de hacerte desaparecer para revivirte sólo en mis sueños, como una mala pesadilla.

Debía olvidarme de ti. Y decían que sería capaz de lograrlo si me lo proponía, que la vida volvería a ser de color rosa. Pero no me previnieron ante la etapa gris que se avecinaba. Ni siquiera sabían que dejaría de ser dueño de mi voluntad, presa para siempre del miedo a regresar a ti.
Al iniciar la huída pensé que todo serían buenas caras y felicitaciones, pues los que me quieren nunca aprobaron mi decisión de dejarlo todo por ti.

Todavía hoy creo que no fue tan horrible, aunque recuerdo lo infeliz que era cuando me llevabas, a cambio de breves momentos de gloria, al país de las maravillas para dejarme caer en un agujero del que cada vez me costaba más salir. Pero en el camino de mi recuperación sólo encontraba soledad, dolor y oscuridad en este rincón de mis memorias

Aún lucho contra ello(s).
Tu recuerdo sigue intentando arañar resquicios de cada momento para recuperar su trono. Pero ya no hay más espacio para ti.
Debía olvidarte y lo haré. Con otra como tú. Sin el polvo de tu esencia.

Tania A. Alcusón

Este microrrelato ha sido ganador en el certamen de microrrelatos País de Maravillas convocado por la revista cultural El ballet de las palabras.  Ha sido publicado en su número 9 dedicado a Poe y al terror en general.

 
 

Celia… ¡¡Celiaquía!!

Después de dos meses parece que ya van llegando respuestas. Y salud. Y tranquilidad al fin.

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Desde hace unos sesenta días, quizás algo más, mi bajada de peso anecdótica pasó a ser preocupante. Bajaba kilos de manera involuntaria y los comentarios pasaron de ser antes del verano de “vaya tipín que se te está quedando”, a después del verano, “ve al médico porque tienes una mala cara…” o “cuídate, pero ¿estás comiendo bien?”. Claro que, como la de todo el mundo, mi vida no es un camino llano y las propias circunstancias implican un ligero estrés y pérdida de peso cuando las cosas no van como uno quiere. Pero el susto y las primeras visitas médicas comenzaron cuando durante más de una semana el peso no llegaba ni a los 50kg, cosa que con casi 1,70cm y con mis facciones ya angulosas de por sí, resultaba alarmante.
A partir de ahí, sin más datos y con una explicación médica que zanjaba el tema con un cuadro de estrés, que perfectamente se correspondía con una bajada inusual de mi ánimo, todo sonaba de lo más razonable. Se me ofreció retomar medicaciones pero no me pareció necesario, lo consideré todo como una etapa más. Entonces comenzaron las gastroenteritis. Tres en dos meses, ni más ni menos. Ideal para mi peso, para mi ánimo, para mi cansancio y yo, entre tanto, empeñada en darlo todo. Resultaba curioso que, exceptuando la primera en la que los tres habitantes de la casa caímos enfermos, la otras dos sólo fueron cosa mía y, según mi criterio, tan contenta porque sólo consistían en tripa suelta y algún dolor abdominal. La doctora no lo veía tan bien como yo y comenzaron los análisis y las suposiciones.
De la primera gastroenteritis, tras las fiebres y tanto vómito, y aparte de la debilidad generalizada, mi boca también recibió la visita de doscientos mil virus y se llenó de aftas, ampollas y heridas. Y así un mes completo. Con mucho dolor y demasiadas molestias para comer, incluso para dormir. Requirió de otra visita más al médico, yo que nunca voy y si puedo me aguanto con lo que sea hasta que se me pase, ya estoy empezando a familiarizarme con enfermeras, médicos y administración en mi centro de salud.
Y durante todo este tiempo, también dos catarros importantes que me han bajado hasta el pecho. Tampoco es habitual, y junto a las pupas de la boca, hacía que los remedios habituales de gárgaras, o infusiones y cosas calientes no fuesen una opción por el dolor que me suponían. Los ánimos seguían cayendo…
“No vamos a terminar con las visitas hasta que no demos con lo que te pasa” me dijo la doctora en la última visita. Y mira, me resultó tranquilizador que lejos de una apariencia hipocondríaca, el médico también viese una urgencia en lo insólito de mi estado. Pero todo va cobrando ya mucho sentido tras los resultados de los análisis: confirmado que no es ningún problema de tiroides, que todo está correcto (incluso las defensas que creíamos bajas), que hay un principio de anemia (por lo que empezamos a suplementar con hierro) y algo de infección que delata que el cuerpo lucha contra algo. También una velocidad del metabolismo tres veces superior a la habitual que, aunque no es de mayor importancia, indica que el cuerpo está haciendo un trabajo extra por algo que desconocemos.

Entonces la doctora me planteó “¿y si has desarrollado una intolerancia alimentaria? ¿Has oído hablar de la celiaquía?”. Y cada uno de los síntomas que se venían presentando como una individualidad, han cobrado un sentido de unidad que bien podría corresponderse con el cuadro de una enfermedad tan desconocida como extendida: la celiaquía o intolerancia al gluten. Y digo podrían porque los síntomas aún no están nada claros, ya que unos pacientes desarrollan una sintomatología que puede ser contraria a la que otros padecen. Incluso hay enfermos que tienen la enfermedad latente sin presentar apenas molestias.
La enfermedad celíaca consiste en que al ingerirse alimentos con gluten se atrofian las vellosidades del intestino, dando lugar a desórdenes que impiden la absorción correcta de los alimentos. Y esto desemboca en trastornos derivados de falta de nutrientes que afectan a diversos puntos del organismo de manera más inmediata, como podría ser mi caso, y a largo plazo en enfermedades mucho más serias y complicadas del tracto digestivo.
Mi estado de ansiedad y desmotivación por todo, mis úlceras de la boca tan dolorosas, la descomposición tan frecuente de los últimos días, la pérdida de peso tan alarmante, la anemia que me persigue desde que fui mamá e incluso los dolores de cabeza que aparecieron unos meses y que yo justificaba con la lactancia prolongada que mantenemos desde hace veinte meses. Todo parece tener un sentido, una razón de ser, para avisar de que algo va mal. Y gracias a ellos quizás tendré que variar parte de mi dieta y de mis hábitos en general, pero feliz de que al fin vaya habiendo respuestas.

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Aún faltan varias pruebas, entre ellas ecografías abdominales y especialistas de digestivo que tendrán la última palabra, pero sea el resultado que sea, esta situación me ha servido como concienciación ante un problema invisible que afecta a un 6% de la población española con algún tipo de sensibilidad al gluten. Desde luego, si finalmente resulto pertenecer a esa estadística, tengo la suerte de disfrutar entre mis contactos, de personas que podrán y sabrán guiarme en esta nueva perspectiva. Y, por supuesto, hay asociaciones y cientos de artículos para documentarse que bien valen un vistazo. Estoy seleccionando incluso webs de recetas sin gluten, que ayudan a que la comida no sea cara por narices, si no una alternativa a la alimentación que he conocido hasta ahora.

¡Salud para todos!

Tania A. Alcusón

 
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Publicado por en 24 noviembre, 2015 en reflexiones, social

 

FOTOGRAFÍA ETERNA

“… Y  DE  LA  PASIÓN  POR  CAPTAR  EL  MOMENTO  EXACTO  SURGIÓ  LA  FOTOGRAFÍA  ETERNA …”
Tania A. Alcusón
 
Este es el encabezado de la web de fotografía GOFER FOTOGRAFÍA en la que he colaborado con la aportación de la redacción de parte de su contenido. Si necesitáis un trabajo fotográfico de alta calidad y a un buen precio, no lo dudéis. 
 
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Publicado por en 18 noviembre, 2014 en reflexiones

 

EPITAFIO

“Para quien llora por mi alma,
recuerde que sólo ha muerto la razón, el cuerpo y mi latido.

Me sobrevive la esperanza efímera de convertirme en un sueño inmortal.”

Tania A. Alcusón
 
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Publicado por en 4 septiembre, 2014 en cartas, reflexiones

 

¡CORRE A POR LAS NAVIDADES FUTURAS!

El frío de esta mañana de Navidad corta mis labios desde primera hora, pero la emoción de verte traspasar la meta, con la gloria de haber finalizado, no se entumece ante las inclemencias. Es tanto el esfuerzo solitario que realizas en cada entrenamiento que acepto, sin condiciones, la deuda de seguir esperándote cuando decides salir a medirte contigo mismo. 
Incluso en un día como hoy, te atas las zapatillas y te colocas el pantalón corto con una sonrisa mientras me escuchas a cada momento sostener lo loco que estás. 
Salimos de casa cuando todos duermen aún y sueñan con los regalos que Papá Noel les ha dejado en el árbol. La música nos acompaña en el coche y, mientras, conduces concentrado pensando en tus estrategias y yo tarareo lo que voy escuchando. 
A menudo me cuesta entender tu necesidad de salir a correr en la que no importa la lluvia, el frío, la hora que sea o tu propio descanso. Has intentado explicarlo muchas veces, pero la frustración de no hacerte entender te hace callar en demasiadas ocasiones. 
Como el soldado hemerodromo que debe atravesar largas distancias a pie para entregar un mensaje a las tropas en batalla, ofreces parte de tu tiempo a una causa desconocida desde este lado de tu conciencia, pero admirable desde cualquier punto de vista. Y es eso mismo lo que me hace envidiar tu fuerza de voluntad, tan fuerte es lo que te aporta, a pesar de la incomprensión de muchos cada vez que planificas con pasión tus metas personales.
 
Pero ahora, con el orgullo de saber que volverás a vencerte a ti mismo en esta carrera, sé que lo que te impulsa a seguir hoy es esa ilusión de seguir superándote en cada salida, de finalizar el camino y de poder hacer llegar también tu mensaje. 
Y sé que este legado de amor por la naturaleza y superar los propios límites que quieres transmitir sólo es una pequeña parte de todas las enseñanzas de vida que darás a la destinataria de tu testigo, esa que aún está en camino y que será lo más importante de tu vida. El año que viene también ella estará esperándote al final conmigo, porque tu llegada será la suya y pasará la línea de meta en tus brazos. 
 
¡Corre a por las navidades futuras! Nada volverá a ser igual a partir de entonces.


Tania A.Alcusón
 
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Publicado por en 26 diciembre, 2013 en cartas, infantil, reflexiones