RSS

Archivo de la categoría: infantil

HORA DE SUEÑOS

Todos los años la vida se robaba una hora de sueños. Lo hacía de una manera tan sutil que nadie volvía a reclamarla más. Una hora que no era. Una hora que nunca estaba. Con ella se iban anhelos y deseos que ya no serían formulados ni servirían para aliviar la incertidumbre de las existencias sin esperanza.Pero la última vez, en medio de la noche a esa hora tan misteriosa como irreal, una pequeña victoria tuvo lugar: una niña pequeña despertó a su madre con sollozos adormilados para hacerla consciente de lo que se iba. “¡No, mamá! ¡No quiero! ¡¡Es mío!!” Repetía susurrando en su inconsciencia. Y su madre, desconcertada y sin entender todavía, con un respingo y como acto reflejo la abrazó y le dió un beso en la frente. La pequeña calló al instante con un suspiro profundo mientras su mamá se encogía en un ovillo con los ojos bien abiertos ya en su desvelo. Estaba viendo esos sueños esfumarse como humo. Diluirse en la habitación siendo nada. Podía olerlos con impotencia en su desesperación por atraparlos.

Y, en algún momento entre las dos que eran las tres, y la individualidad perdida de esa madre, la niña le pasó un brazo bajo el cuello y acariciándole la cara en la oscuridad le dijo al oído mientras se perdía en su propia fantasía: “ya, mamá…”

La hora que no existía había pasado y nuevas ambiciones volverían a formarse de nuevo. Siempre lo hacían.

 

Anuncios
 
 

CIENTO DOS PASOS

manos-unidas

Era la primera vez que paseábamos juntos. De la mano, con paso rápido mientras el sol brillaba. Tú mirabas al frente, un poco asustado, pero dejándote llevar. Mientras tanto, el silencio se imponía incómodo entre nosotros como un muro, aunque una sonrisa satisfecha en mi cara mientras te acariciaba parecía indicar que todavía teníamos remedio.

El viaje no había hecho más que comenzar.

Hasta ahora solo habíamos tenido un par de visitas supervisadas en una habitación de juegos, pero desde el principio me di cuenta de cómo tus ojos tristes se llenaban de luz mientras hablábamos sentados en el suelo y me observabas. Yo te había elegido como hijo y, al parecer, tú también tenías tus preferencias. Todo estaba de nuestra parte, hasta la administración oficial con su consentimiento.

¡Por fin vendrías a casa conmigo! Pero apenas nos conocíamos entonces… En ciento dos pasos conseguí tu sonrisa. Y desde entonces, no te ha abandonado.

Tania A. Alcusón

 
4 comentarios

Publicado por en 3 junio, 2015 en cartas, infantil, microrrelato

 

¡CORRE A POR LAS NAVIDADES FUTURAS!

El frío de esta mañana de Navidad corta mis labios desde primera hora, pero la emoción de verte traspasar la meta, con la gloria de haber finalizado, no se entumece ante las inclemencias. Es tanto el esfuerzo solitario que realizas en cada entrenamiento que acepto, sin condiciones, la deuda de seguir esperándote cuando decides salir a medirte contigo mismo. 
Incluso en un día como hoy, te atas las zapatillas y te colocas el pantalón corto con una sonrisa mientras me escuchas a cada momento sostener lo loco que estás. 
Salimos de casa cuando todos duermen aún y sueñan con los regalos que Papá Noel les ha dejado en el árbol. La música nos acompaña en el coche y, mientras, conduces concentrado pensando en tus estrategias y yo tarareo lo que voy escuchando. 
A menudo me cuesta entender tu necesidad de salir a correr en la que no importa la lluvia, el frío, la hora que sea o tu propio descanso. Has intentado explicarlo muchas veces, pero la frustración de no hacerte entender te hace callar en demasiadas ocasiones. 
Como el soldado hemerodromo que debe atravesar largas distancias a pie para entregar un mensaje a las tropas en batalla, ofreces parte de tu tiempo a una causa desconocida desde este lado de tu conciencia, pero admirable desde cualquier punto de vista. Y es eso mismo lo que me hace envidiar tu fuerza de voluntad, tan fuerte es lo que te aporta, a pesar de la incomprensión de muchos cada vez que planificas con pasión tus metas personales.
 
Pero ahora, con el orgullo de saber que volverás a vencerte a ti mismo en esta carrera, sé que lo que te impulsa a seguir hoy es esa ilusión de seguir superándote en cada salida, de finalizar el camino y de poder hacer llegar también tu mensaje. 
Y sé que este legado de amor por la naturaleza y superar los propios límites que quieres transmitir sólo es una pequeña parte de todas las enseñanzas de vida que darás a la destinataria de tu testigo, esa que aún está en camino y que será lo más importante de tu vida. El año que viene también ella estará esperándote al final conmigo, porque tu llegada será la suya y pasará la línea de meta en tus brazos. 
 
¡Corre a por las navidades futuras! Nada volverá a ser igual a partir de entonces.


Tania A.Alcusón
 
2 comentarios

Publicado por en 26 diciembre, 2013 en cartas, infantil, reflexiones

 

ZAPATOS NUEVOS

Llegó el momento, su primer día. El niño pequeño que antaño llevó en sus entrañas, de noble familia en aquellas tierras, recibiría su primera tutoría en palacio. Habían elegido para su vástago al mejor de los mentores de la región y ahora se preparaban para darle un recibimiento por todo lo alto.
La duquesa, pendiente de todo, daba vueltas al pequeño cogiéndolo de los hombros e imaginando el atuendo apropiado para la ocasión. Mientras, el niño daba saltitos de un pie a otro, no para a quieto en el mismo sitio, se escurría de las manos de su madre y se preguntaba en secreto la importancia de aquel día. Ahora probaban el traje, ahora le aplicaban un ungüento pegajoso en el pelo, ahora abrillantaban sus nuevos zapatos…

Cuando el tutor llegó al palacete con su traje negro, tan sobrio, no defraudó a la duquesa, que le esperaba ansiosa. Erguido como una tabla, tras los saludos iniciales a los padres, paseó su mirada por la estancia, con curiosidad pero con clase, hasta que encontró al pequeño Nicolás jugando tras uno de los sillones.
Se dirigió a él con aire imponente y frente a él ya le quiso saludar como a un hombre. Le extendió su mano…
El niño se puso en pie, y mirándole con curiosidad le dijo: “Hola señor! Por qué tengo que ponerme zapatos nuevos para leer los libros viejos?”

Y con aire desenfadado, sonriendo, agachó su cabeza para que quedase a la altura de la mano del tutor, que desconcertado, no pudo por menos que darle unas palmaditas.

Tania A. Alcusón

Safe Creative #1204171491554

 
2 comentarios

Publicado por en 22 marzo, 2012 en infantil, microrrelato

 

CAMBIOS

 
 
 
     Mi hermana Gabriela está rara. Todos lo saben y hablan entre ellos: mis papás a los tíos y a las yayas, sus profes a mis papás, y hasta sus amigas cuando vienen a casa a hacer fiesta de pijamas. Está distinta.
Todo el tiempo quiere estar sola y se encierra en su habitación con la música súper alta. Se enfada siempre con nosotros, por cosas que hacemos y también por cosas que no hacemos: si mamá hace la cena, se enfada porque no es la que le gusta a ella, y si no llega a su clase de baile, se enfada con papá porque no la llevó con el coche. 
¡Yo no la entiendo! Grita y llora como si fuera una niña pequeña. Como un bebé. Yo sólo tengo seis años, pero yo ya no lloro cuando pido juguetes a mamá.
 
     El otro día, cuando estábamos en casa de los tíos de Segovia, mi papá le dijo a mi primo Luis que Gabriela tiene un pavo. ¡Tiene un pavo! Ahora resulta que Gabi puede tener un pavo y a mí no me dejan tener un gatito, ¡qué morro! ¿Y dónde lo tiene? ¡Si en su habitación está toda la ropa tirada y sólo tiene peluches!!
Esa tarde, Gabi pasó todo el rato con la prima Ana. Sólo cuchicheaban y se reían todo el tiempo mientras miraban al primo Luis. El primo las  miraba y se reía con papá. Y yo, que me preguntaba qué era tan divertido y por qué nadie me lo contaba, fui a la cocina y escuché a mamá decirle a la tía que Gabi ya era mujer. Aunque yo la veía igual que siempre: no llevaba faldas cortitas ni tacones porque mamá no la dejaba, ni tampoco podía pintarse los labios. ¡Era la misma!
 
     Entonces, Gabriela, desde el comedor empezó a gritar como si estuviese loca, correteando de un lado a otro y llamando a mamá. Cuando me asomé para ver qué pasaba, la prima Ana estaba tronchada de la risa y la señalaba con el dedo. Mientras, papá se fue a la cocina y le dijo a mamá que Gabi estaba mala y que se había manchado un poquito el pantalón. Pero que no pasaba nada, que no se asustase.
Gabi seguía chillando, se fue corriendo al baño y se encerró allí. Entonces mamá cogió su bolso y se fue al baño con ella. Yo me quedé cerca, apoyada en la pared del pasillo, por si Gabi necesitaba un vaso de agua, y por si veía de lejos la mancha de su pantalón o con qué se había manchado. Como tenían la puerta cerrada no pude oír muy bien, sólo algo como que Gabi se quitara las braguitas y se lavara el culete. ¡Jajaja! Yo creo que se había hecho caca encima y por eso se puso así, por la vergüenza. Y que por eso también se reía la prima Ana. Y mi madre diciendo que ya era una mujer…
 
     Cuando salieron del baño miré mucho sus pantalones mientras me apoyaba en la pared, pero no vi ninguna mancha cuando se iban hacia el comedor. Mamá le dijo algo al oído y Gabi se volvió. Me pilló mirándolas y puso cara de enfadada. Entonces volvió al baño, y al pasar a mi lado con un paquetito en la mano, como yo estaba en el medio, me empujó contra la pared y me dijo la muy chula: 
-¡Quita niña! ¡Cuando seas mujer, ya sabrás lo que es esto!
 
Tania A. Alcusón

Safe Creative #1204171491387

 
6 comentarios

Publicado por en 19 mayo, 2011 en escenas, infantil