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Archivo de la categoría: fantasía

HORA DE SUEÑOS

Todos los años la vida se robaba una hora de sueños. Lo hacía de una manera tan sutil que nadie volvía a reclamarla más. Una hora que no era. Una hora que nunca estaba. Con ella se iban anhelos y deseos que ya no serían formulados ni servirían para aliviar la incertidumbre de las existencias sin esperanza.Pero la última vez, en medio de la noche a esa hora tan misteriosa como irreal, una pequeña victoria tuvo lugar: una niña pequeña despertó a su madre con sollozos adormilados para hacerla consciente de lo que se iba. “¡No, mamá! ¡No quiero! ¡¡Es mío!!” Repetía susurrando en su inconsciencia. Y su madre, desconcertada y sin entender todavía, con un respingo y como acto reflejo la abrazó y le dió un beso en la frente. La pequeña calló al instante con un suspiro profundo mientras su mamá se encogía en un ovillo con los ojos bien abiertos ya en su desvelo. Estaba viendo esos sueños esfumarse como humo. Diluirse en la habitación siendo nada. Podía olerlos con impotencia en su desesperación por atraparlos.

Y, en algún momento entre las dos que eran las tres, y la individualidad perdida de esa madre, la niña le pasó un brazo bajo el cuello y acariciándole la cara en la oscuridad le dijo al oído mientras se perdía en su propia fantasía: “ya, mamá…”

La hora que no existía había pasado y nuevas ambiciones volverían a formarse de nuevo. Siempre lo hacían.

 

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UN REGALO INESPERADO

Las danzas de la calle transportaban ritmos prohibidos y risas enmascaradas al tiempo que los cuerpos bailaban al son del todo vale en este día de carnaval. Entre contoneos y descontrol nadie reparó en la frágil presencia de Jack, que protegido tras la capa negra que ocultaba sus intenciones y su careta de bufón, no disfrutaba de aquel ritual festivo. Los nervios lo tenían atrapado en su oscuridad y sólo la esperanza lo mantenía firme para seguir adelante con su propósito. La multitud desfilaba por las avenidas y disimular entre los asistentes era la única manera que tenía de acercarse a ella, su eterna amada en la sombra de su soledad.

desamor

Rose era adorada en secreto y sólo cuando se arropaba en el silencio de la noche y el sueño se tomaba la licencia de susurrarle al oído, sólo entonces era capaz de sentir la caricia suave de su caballero misterioso. Cada anochecer lo esperaba y caía rendida con el silencio como única respuesta. Pero hoy alguien llamó a su puerta cuando la marcha pasaba bajo su ventana. Un paquete la aguardaba abajo a manos de un bufón cabizbajo: un corazón palpitante. “Es tuyo” le dijo él y sonrió.

Tania A. Alcusón

Relato ganador en el certamen express de microrrelatos El amor es el mejor disfraz. Convoca la Asociación Letras Vivas.

 
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Publicado por en 9 marzo, 2015 en fantasía, microrrelato

 

EL CALDERO DE LA FORTUNA

Un sabroso caldo de ideas suculentas rebosaba cada noche su conciencia desde hacía semanas, chisporroteando, cada una de ellas en un caldero humeante.

Aún no sabía cocinarlas de la forma correcta y se le agolpaban a borbotones, a ratos ácidas robándole una sonrisa, a ratos amargas derramándose junto a una lágrima. 
 
El alquimista intuía que la base que iba a dar la consistencia deseada a su caldereta de palabras encadenadas sería una mezcolanza de coherencia apasionada, junto a unos polvos de sonrisa satisfecha. Este toque encandilaría a su público, estaba seguro.
 
Pero con los tiempos bien cumplidos y el repertorio reposado, el momento de su súplica al director del banco se vio arruinado por un vómito repentino y nervioso de palabras inconexas que desataron una carcajada despectiva.
 
El crédito no le fue concedido, como ya venía siendo normal.


Tania A.Alcusón
 
 

BAJA MORAL

—Aura, yo…—Val sonaba confuso mientras su mano enlazaba la de la chica. Se preguntaba hasta qué punto ella era consciente de sus recientes confesiones. Decía que lo había escuchado todo pero quizás ni siquiera lo había oído completamente, o quizás habían sido sus palabras las que la habían despertado de la convalecencia. Lo importante ahora era que ella ya se encontraba entre todos de nuevo, y según los pronósticos de Elever pronto estaría recuperada del todo.
Por lo que él alcanzó a ver cuando alcanzó a Aura, Azazel el demonio traidor, trataba de embaucarla para poseerla y quitarle las piedras, pero ella se resistió a entregarse, y entonces él quiso tomarla a la fuerza y fue cuando Val apareció y tuvo lugar la lucha. Quién sabe con qué trucos o chantajes la habría arrastrado a su lado en aquel punto del bosque. Era imposible que ella hubiese acudido voluntariamente. Y lo que es peor, hasta dónde hubiese llegado para poder conseguir lo que andaba buscando. Aunque lo más evidente parecía ser que había sido gestado en contra de la voluntad de Luzbel, podría tratarse de una estrategia pactada para desmembrar al grupo y obtener información sobre las futuras localizaciones de las bestias faltantes. Al fin y al cabo, Luzbel ya había intentado acercárseles (y despistarles) utilizando el recuerdo de Atanasia.
Aura se había convertido en una pieza clave dentro del grupo de supervivientes y Luzbel y sus secuaces lo sabían bien.
     Mientras tanto, Eric se encontraba fuera de la tienda donde Aura volvía en sí. Escuchaba el alboroto que salía de allí, pero él no quería entrar porque sabía que no podría controlar sus instintos. Quería a Aura, ahora todos lo sabían, pero no iba a poder entrar sin reprocharle su falta de criterio y de responsabilidad con el grupo adorando sin medida a ese Val distante. Aunque entendía que lo raro hubiese resultado que no ocurriera, puesto que la personalidad y el talante de Val realmente resultaban cautivadores aún con lo reservado que era. También se encontraba allí dentro el propio Val, que tenía la situación en su terreno. De él dependía que Aura fuera feliz, sólo de él. Por eso Eric se sentía inferior, sentía una gran rabia contenida a la que no iba a poder dar salida. Pero por el aprecio y el respeto que el líder se había ganado, nunca podría disparar su envidia contra su rival. Ahora se encontraba tan dolido y confuso con la situación, que por su mente sobrevolaba la idea de abandonar el grupo. Sabía que él también tenía una función importante, y de hecho no dejaría atrás su responsabilidad en todo este cometido, pero no iba a ser junto a los demás. Prefería luchar sólo, en la distancia, y revolcarse en su veneno antes que volver a sentirse parte conjunta en todo aquello para descubrir con amargura que sólo era una marioneta más de los arcángeles y del Altísimo para ayudarles a conseguir a sus malditas bestias…
     Aura contó a todos lo que ocurrió con Azazel, y los demás escuchaban sorprendidos sacando sus conclusiones, desde la perpetración del engaño sufrido por Orpra para ganar la Bestiade la Destrucciónhasta el posterior soborno a manos de Azazel a cambio de las gemas y de su propio cuerpo. Sobre este último punto Val estaba leyendo entre las palabras no pronunciadas por Aura. En la historia había algo más que ella no contaba. Se dio cuenta de que Azazel realmente hubiera deseado que Aura le correspondiera más allá de conseguir las joyas, sino porque se había encaprichado de ella. Podría haberle ofrecido esa vida de ensueño que le prometió, y quizás Aura podría incluso haberla disfrutado. ¿Era ese el problema? A lo mejor Aura hubiese seguido adelante si él no se hubiese interpuesto. De repente, ahora que todo se había aclarado a la vista de todos (aunque ellos todavía necesitaban hablar a solas) Val se sentía con más dudas que nunca. Comenzaba a dudar del amor de Aura, y lo que era peor, de que él mismo pudiera ser lo que ella estaba buscando…
Su misión de salvar al mundo ocupaba ya un lugar secundario en su mente. No podía concentrarse en lo que estaba por venir, sólo tenía pensamientos para Aura y su futura, o no, relación. Su cara comenzaba a contraerse en una mueca desconfiada mientras oía de lejos la voz de Aura.
     Laela vivía la escena desde una esquina de la habitación. Notaba a Aura demasiado despierta cuando apenas habían pasado unas horas desde que despertara. Parecía forzar sus palabras y fingir una alegría que no sentía, aunque los demás parecían no percatarse. Y no sería algo negativo de no ser por la contraposición de un silencio interior que presentía en algunos de los presentes. Por un lado, aunque Val tenía cogida la mano de la jóven, mostraba una falta de consejo que resultaba alarmante. Estaba abstraído en sus pensamientos. Un líder no podía permitirse ese tipo de escarceos con sus responsabilidades, debía mantenerse al cien por cien con ellos. Con todos en la lucha. Pero él estaba ausente, eso ya lo estaba notando Laela. Por otro lado, Elever tampoco daba crédito a la rápida recuperación de Aura, y hacía pequeños ruidos de negación con su garganta en algunos momentos de la historia de Aura que delataban que no estaba dando todo el crédito que debiera a lo que oía. Probablemente también sintiera esa suspicacia hacia la extraña y exaltada actitud de Aura, como le ocurría a ella misma. Elidi también se encontraba de cuerpo presente, pero tampoco decía nada. La energía que transmitía era agitada, nerviosa. ¡Se sentía amenazada por la pequeña Aura! Tan sólo los gemelos, Polcar y Roncel, a los que tenía sujetos cariñosamente por los hombros, daban grititos y saltos de alegría cuando Aura escenificaba sus esperpénticas exclamaciones en medio de su relato. Flora, su hermana, tan solo escuchaba y hacía pequeños comentarios. También era sabia e intuía que debía andar con tiento ante Aura, que cualquier pequeña confusión la pondría en contra suya.
     Kaal paseaba por las inmediaciones del campamento cuando vió de lejos como Metatrón y Luminiev debatían airados junto al río sobre el próximo emplazamiento de la siguiente bestia:
—Debes recordar que en la próxima gibosa iluminante de la luna aparecerá la preciosa bestia de la Sabia Inocencia. No podemos mover el campamento ahora mismo, puesto que Aura necesita más reposo o no estará en condiciones de ser nada más que una carga añadida al grupo. Esta noche es el cuarto creciente, así que aún disponemos de un día más como mínimo para descubrir la localización exacta. Aún puede aparecer en los cinco siguientes días y debemos estar preparados. Además el grupo debe tomar fuerzas y recuperar la confianza. Desde la aparición de Orpra, y sus oscuras artes para sacar lo peor de cada uno, no han vuelto a levantar el mismo ánimo con el que partían hace unas semanas, cuando se creían invencibles.
—Me temo que los cuatro demonios cuya misión es atacar a los humanos, no han hecho aún todas sus intervenciones, ya que el único que ha dejado ver claramente sus artimañas ha sido Orpra. Los demás no deben andar lejos y debemos prevenir al grupo sobre ellos. No sabemos cómo van a atacarles la próxima vez, pero los ataques cada vez serán más fuertes y ellos se encontrarán cada vez más débiles… Lucharemos con ellos hasta el final, con el triunfo de la luz como meta, pero puedo sentir su desaliento en la luz interior que desprende cada uno y no resulta nada esperanzador.

Kaal volvió al campamento, cabizbajo. Sin fuerzas y sintiéndose ya derrotado. No podrían continuar la lucha, las esperanzas estaban perdidas incluso para los ángeles protectores que les acompañaban y guiaban. ¿Cómo iban a poder salir airosos si ni siquiera los que tenían más poder lo veían claro?
     Pártalax, uno de los cuatro demonios escondido tras una roca grandiosa que protegía el campamento por la parte trasera, había mutado su apariencia a la de un gran cuervo negro. Y sobrevolando sus cabezas, a plena luz del día mientras murmuraba unas palabras extrañas, iba a dejar que la desazón acampara también entre los supervivientes. Dejaría actuar a su magia y ellos mismos, sin saberlo, serían el detonante de tan devastador hechizo. Sólo harían falta unas pocas horas y ellos mismos se darían cuenta de que no tenían ya nada que hacer contra los ejércitos de las sombras.

     Los gemelos jugaban tranquilos junto a la fogata de la cena cuando volvieron Metatrón y Luminiev. Todo parecía sosegado. Pero no vieron a nadie más junto a los niños. Se preguntaron dónde se encontraban todos los adultos, pues había muchas cosas que hablar todavía, y debían prepararse para una nueva embestida de las tinieblas.
Cuando preguntaron a los niños, que jugaban con unas ramas retorcidas simulando las batallas que habían visto, éstos les dijeron con expresión confusa que todos parecían tristes. Polcar dijo en un susurro que había visto llorar a lo largo del día a Eric, a Elidi y a la propia Laela, pero que nadie quería decirle por qué todos estaban tan abatidos.
Metatrón levantó la vista alarmado, tratando de buscar a todos en la distancia. Si Elidi estuvo llorando es que algo muy malo se estaba gestando en el campamento. Había visto algo con sus ojos ciegos o habría tenido alguna revelación que la había dejado sobrecogida. Debían encontrarla.
     Al primero que vieron fue a Eric, que se encontraba escondido y agazapado tras un gran árbol. Cuando se dirigieron hacia su posición él se contrajo sobre sí mismo, no quería hablar con ellos. —Eric, no debes desfallecer, tienes un papel primordial en esta guerra y debes continuar siendo la mano derecha de Val. Te necesita más que nunca—.Le dijo Luminiev tratando de ponerle una mano sobre el hombro en un gesto tranquilizador. La respuesta de Eric no se hizo esperar: su cuerpo se encogió aún más pero continuó con la cabeza agachada y sin decir palabra alguna.
—Vamos Eric, todo se puede hablar entre vosotros, ¿qué te ocurre que es tan grave como para no querer hablar con nosotros?
Lentamente Eric fue levantando la mirada hacia ellos, mientras en su cara se adivinaba una mancha gris en la parte derecha. Les miraba sintiéndose culpable, y levantó hacia ellos el dorso de su mano izquierda que también presentaba esa mancha grisácea.
—No sé qué me ocurre, pero esto puede ser contagioso. Cada vez se está extendiendo más. Lo siento pero no pienso volver al campamento.
—Elever es un gran curandero, él puede ayudarte y lo sabes. Quizás conozca el origen de lo que te está pasando. O incluso mejor, podría conocer el remedio… Si has comido algo en mal estado, o algún animal te ha lanzado su veneno…
— ¡Dejadlo ya! ¡Esto sólo es el castigo a mis pensamientos oscuros, que se han visto reflejados en estas manchas grisáceas!
—Debemos saber qué te ocurre, quizás sea alguna treta de las tinieblas para hacernos débiles…
— ¡No! Por si os interesa, estas manchas duelen, ¡y duelen mucho! El dolor sale desde dentro, y hacia fuera… pues hacia fuera es lo que veis. Y desde ahí no podéis olerlo, pero es repugnante. ¡Mi piel se está pudriendo, puedo sentirlo! Así que dejadme aquí sólo con mis miserias. Podría poner en peligro a todos. No merezco un trato diferente.
     Contrariados, los arcángeles se dirigieron a la tienda de Elever. Debían contarle lo ocurrido con Eric, además de alertarle sobre el estado apagado de todo el mundo. Le dirían lo del llanto de Laela. Eso ya eran palabras mayores y además no la veían en ninguna parte. Se cruzaron con Elidi cuando se dirigía a los gemelos enfadada. Debían dejar de jugar ya, les gritaba, estaban incomodando a todos los que necesitaban un poco de paz.
—Elidi, ¿que está ocurriendo? ¿Qué ha pasado aquí esta tarde que todos os encontráis diseminados por el campamento y con esas caras largas? ¿Has visto lo que le ha ocurrido a Eric?
—No sé a qué os referís, pero si queréis hablar con Val o Aura, se encuentran en la tienda de Elever. Aura aún no ha salido de la cama pero sigue hablando de ensoñaciones y espejismos. Y repite una y otra vez que sabe lo que debemos hacer y que conoce el plan de Luzbel… Yo creo que aun no se ha recuperado del todo. ¡Niños, basta ya! ¡Venid aquí!
Los pequeños se acercaron corriendo haciendo pequeñas bromas entre ellos, y cuando llegaron donde se encontraba el trío, pidieron perdón por el escándalo y bajaron la mirada avergonzados. De repente, Roncel tiró de la manga del brazo de Polcar, y con un gesto de la cabeza señaló el empeine de uno de los pies de Elidi. Polcar se agachó despacio sin decir nada y tocó con su dedo índice la pequeña mancha gris que comenzaba a abrirse camino en la piel de su amiga. Al sentirla blanda, apartó el dedo sacudido por una corriente de repulsión. Instintivamente se llevó el dedo a la nariz para olisquear lo que había tocado y un olor fuera de lo común le hizo reprimir una arcada.
Elidi sacudió el pie en el mismo momento del roce, fue como si le hubiesen clavado una aguja sobre una herida abierta. Aunque hasta ahora no se había dado ni cuenta de lo que tenía en el pie.
     Ahora sí estaban asustados los arcángeles, debían juntar al grupo. Estaba claro que podía ser algo contagioso, pero ni siquiera ellos mismos tenían conciencia de lo que tenían hasta que no se hacía una mancha evidente según parecía. En seguida cogieron a los gemelos y los zarandearon en busca de manchas también en sus cuerpos, pero no las veían. Era extraño. Y mientras los movían y los desvestían, los niños no paraban de jugar, ajenos a la alarma que se estaba creando. Nada, nada sobre los niños.
Presentían que Laela también tendría sus marcas. A lo mejor por eso lloraba… Y no andaban mal encaminados pues a los pocos minutos apareció mirándose los brazos que presentaban pequeñas manchas, no mucho más grandes que lunares, muy juntas unas de otras.
— ¡Por fin, ya estáis aquí! Mirad lo que me está saliendo en los brazos desde esta mañana. No lo entiendo, no toqué nada en el bosque y la comida ha sido la misma para todos… Elever no sabe qué puede ser tampoco. Ha tocado y dice que es blando al tacto. A mí me duele al tocarlo. Elever dice también que huele mal a putrefacción. Puede ser alguna enfermedad enviada por las tinieblas. Debemos revisar los cuerpos de todo el grupo…—Hablaba rápido, casi sin pensar.
—Laela, ¿has estado llorando esta mañana? ¿Qué ha pasado? ¿Qué has visto? Los niños han dicho que estabas muy abatida.
Sorprendida por la pregunta, calló al instante y bajó la mirada.

Tania A. Alcusón

Este texto forma parte de un ejercicio conjunto: La historia enlazada. La historia completa se encuentra publicada en el blog de Adictos a la Escritura.

 
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Publicado por en 19 junio, 2012 en fantasía

 

UNA FICHA DE AMOR

     Hace mucho, mucho tiempo. La Tierra era habitada por grupos de personas que se agrupaban en clanes.
Cuando las casas eran solo cuevas de piedra para protegerse de las inclemencias, cuando los hombres eran cazadores y sus mujeres recolectoras. Cuando las personas tenían frío y se adormilaban durante el invierno y gestionaban sus vidas bajo la luz del sol. Cuando todos podían enamorarse de todos pero sólo perteneciendo al más fuerte… En esa época, como siempre ha sido, había un líder que prevalecía entre todos, no por su fuerza o por su maña, sino por su sabiduría.
Durante varias generaciones, estos líderes, en los diferentes clanes sociales, filosofaban sobre la vida, y sobre cada acontecimiento cotidiano. Eran consultados ante complicaciones rutinarias y sobre cuestiones trascendentales, y por supuesto, también eran buenos consejeros a la hora de gestionar las uniones en el grupo desde que los comprometidos eran bien pequeños.
     Pues hace tanto, tanto tiempo, la región del sur, compuesta por un grupo bastante amplio de personas (unas veinticinco) era liderada por el sabio Dopicu. Se decía de él que poseía un poder especial que le hacía estar en contacto con las deidades universales, y que gracias a eso, conocía cosas de cada uno que nadie más podría saber.
Cada consulta con Dopicu, se tornaba misteriosa, solitaria. Requería de un ambiente determinado para poder encontrar la respuesta acertada a cada tema. Un halo de rito lo envolvía todo mientras el jefe se ocultaba en una zona apartada “a deliberar consigo mismo”. Todas las consultas, de la índole que fueran, siempre requerían esa meditación en soledad que resultaba tan característica… Y tan conocido era en todo el territorio, que incluso líderes de otros clanes, se acercaban a consultar su opinión, siempre acertada.
     Como era de esperar, enseguida su fama se extendió y su sabiduría era requerida incluso para temas bélicos, asedios y venganzas ajenas a su clan. Dopicu, prestaba la información de manera desinteresada, pero empezaba a dejar de ser algo que hacía con gusto y se convertía cada vez más en una obligación. Los asuntos, casi siempre ya eran sólo terrenales, lo que le aburría sobremanera, todo era cuestión de poderes: con quién debían casarse para conseguir un mayor estatus en el clan, con quién debían asociarse para generar prosperidad para sus tierras y sus gentes, en qué zonas era mejor la producción del algodón o del trigo, en qué zonas era mejor la caza de carne buena, dónde podrían cubrir un nuevo enclave para desplazar el clan a otros puntos…
Le faltaba tiempo para poder cumplir con todo el mundo, y mucho menos para poder desplazarse a todas las tierras que lo requerían, así que llegó a una conclusión: si conseguía hacer las uniones más correctas posibles entre personas de un mismo clan, o incluso juntar personas de diferentes clanes, con éxito, resolvería al mismo tiempo varios temas a un tiempo. Pero estas uniones eran tan importantes para el futuro de cada uno, y de algunos clanes en concreto, que debían ser uniones conocidas estrictamente por los comprometidos y sus líderes. Nadie más podría conocer esas predicciones, a riesgo de sabotajes o traiciones.
Comenzó a mandar los mensajes vía oral de las uniones requeridas con los mensajeros de confianza de los líderes de cada clan, bajo el asunto secreto: Cupido. Si los mensajeros eran interceptados, lo único que ellos sabían de su misión era que portaban mensajes de amor que sólo podían descifrar los interesados. Y así comenzó a enviar sus predicciones de una manera segura.
     Un día frío de invierno, Martha, hija mediana de Dopicu, se acercó a curiosear el punto de reflexión de su padre. ¿Por qué era un lugar especial? se preguntaba. ¿Por qué sólo su padre podía entrar allí?
Era de madrugada, y todos dormían aún, pero Martha llevaba varios días cuestionando las razones y las respuestas de su padre, tras el consejo de casar a su mejor amiga con el chico que le gustaba a ella misma. Estaba dolida con su padre, que aún conociendo sus intenciones, y las del chico, que también la pretendía a ella, había sugerido tan sorprendente enlace. ¿En qué se basaba para obtener esa información? ¿Por qué Eyre era mejor que ella para Jon?
Se acercó cautelosa, a la luz de la antorcha para entrar en la cueva de la Sabiduría, y cuál no fue su sorpresa cuando acercándose al lugar de reflexión no vio ni pinturas en la pared, ni mejunjes con los que pudiera drogarse para llegar al trance, ni siquiera piedras de los milagros que le ayudasen a pensar… Nada místico. Sólo un caldero.
Intrigada, sabía que no debía tocar nada, sólo mirar. Mirar, pensar y comprender. Pero estaba tan dolida…
El caldero, contenía unas fichas en su interior. Contrariada, sin poder ocultar su ansiedad por la sorpresa, metió la mano para tomar una de esas fichas en sus manos.
No eran  de madera, ni de metal. Eran arcillosas y tenían extraños símbolos que ella misma desconocía. Quizás eran nombres, o quizás eran piedras de invocación para las deidades. Todas estaban mezcladas en ese caldero sin un orden aparente. Siguió sacando una tras otra sin comprender ninguna de ellas. Quedó muy intrigada al no comprender nada, pero tras escuchar un sonido extraño fuera de la cueva, volvió a dejarlas todas rápidamente dentro del caldero, sin darse cuenta de que al caer, varias de ellas se rompieron en trozos, quedando los símbolos separados.

     Al día siguiente, algo muy extraño ocurrió. Cuando los mensajeros salieron con sus fichas hacia sus destinos desconocían que llevaban un mensaje de caos. Pues Dopicu, al escoger las fichas tras su meditación, y no comprobar que no se correspondían las que estaban rotas con sus “medias partes” correctas, entrego varios mensajes incorrectos.
Ese día, todos los clanes que recibieron misiva, maldecían a Cupido por no entender sus razones, por no comprender cómo podrían salir bien esas uniones, por desconocer los efectos de desorden que se iban a ocasionar en los clanes… Todos le maldecían, muchos ni siquiera le conocían, pero todos cumplieron sus recomendaciones con el pensamiento de que era una auténtica locura, pero ¿quiénes eran ellos para desconfiar del gran sabio Dopicu?

Tania A. Alcusón
 
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Publicado por en 22 febrero, 2012 en fantasía

 

POR SI LAS MOSCAS

    
     Trato de huir por la ventana de su habitación. Ya me he cansado del olor de sus pies y de su aliento mañanero. He pasado demasiado tiempo en este lugar.
Sé que no le gusto porque cada vez que me intento acercar para recrearme en sus olores, los aspavientos de sus manos me apartan de su lado. Cuando necesito descansar, al posarme, juega a un juego macabro en el que él me persigue dando golpes con diferentes objetos en la superficie que me encuentre, obligándome a alzar el vuelo de nuevo. ¡No me deja parar!
     Cuando era pequeña, me gustaba quedarme en lugares más abiertos, como el salón o el recibidor, que me comunicaban con toda la casa y eran más tranquilos. Recibía todo tipo de estímulos olfativos y era ideal para aprender a utilizar mis alas correctamente y hacer “horas de vuelo”. Desde allí, con el calorcito del atardecer y apoyada sobre la barandilla, frotaba mis patas con placer buscando el olor más rico para mí. Y ese era mi siguiente destino.
Me considero una mosca bastante aventurera, la verdad. Me encanta conocer moscas sabias y moribundas que me cuentan cómo son las cosas en lugares lejanos, aunque sólo se han cruzado en mi camino dos. Una de ellas, me reveló entre estertores que existe un paraíso repleto de comida fácil y sin peligros fuera de aquí, pero que no todas llegamos a alcanzarlo. Tampoco todas saben alcanzarlo: debes seguir muy bien tu instinto y confiar ciegamente en ser uno de los Elegidos.
     Es por eso que ahora deseo escapar de aqui y marchar intentando llegar a esa quimera maravillosa. Sé que puedo lograrlo. Además he tenido señales que he sabido interpretar perfectamente: he visto que existen otros sitios donde los grandes ríos no mojan aunque te poses sobre ellos, y hay otros seres que te miran fijamente y ni siquiera pestañean cuando te acercas. Viven confiados en su ventana aunque no se puede pasar. Sólo están ahí para que los mires y te mueras de envidia. Así de primeras, parecen destinos un poco aburridos porque todo está quieto, no se mueven ni una pizca.
Pero yo lo imagino lleno de luz y calor, con otras moscas (quién sabe, quizás encuentre una pareja allí y podamos tener descendencia!) y comida abundante… ¡Mmm! Las moscas viejas, me hablaron también de los desechos animales, tan sabrosos y olorosos. Puedes encontrarlos en cualquier parte y por lo visto, si te alimentas durante mucho tiempo de ellos, ¡¡te dan un poder inmortal especial y sufres una metamorfosis que te cambia hasta el color!! ¡¡Te vuelves verde y más fuerte!!
     Noto que estoy en las últimas, siento mi cuerpo más pesado y estoy torpe: no atino a salir por el lugar correcto, pero sé que estoy en el buen camino. Puedo ver un lugar desconocido al otro lado del cristal, y siento el aire fresco, que me atrae por sus olores irresistibles, entrando en corriente por alguna rendija de algún lugar. Cerca.
He pasado toda mi vida buscando ese paraíso, ¡y he de llegar a él!
Y mientras sigo intentando, en vano, salir de aquí, he decidido tomar un poco de vaho frío que cae en pequeñas bolitas por el cristal para tomar fuerzas.
Si él descubre que empiezo a flaquear, finalmente sus golpes estruendosos me darán alcance y puede ser fatal para mí.
     En mi pequeña mente, hoy sólo cabe un pensamiento matutino:

“Hay algo peor que ser una mosca cojonera… Rodearte de mierda por todos lados y que no te resulte placentera”

Tania A.Alcusón

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Publicado por en 26 enero, 2012 en fantasía, reflexiones

 

UN LÍDER CLARO

Al terminar el relato sobre el devenir de los hechos, los ciudadanos miraban a Val con el recelo anterior, y ahora también con miedo. Cómo podía disponer de tantos detalles? Sería un profeta enviado para guiarlos por un camino más angustioso que el de su propia salvación como pueblo?
Val conocía bien el efecto devastador de sus palabras en los subconscientes de esos individuos asustados, pero lejos de alzarse como su glorioso salvador, sólo quería ayudarles a despejar algunas dudas sobre lo que se avecinaba.
Aquella Bestia majestuosa Guardiana de la Creación, le agradeció , en su día, aquel acercamiento infantil y sin prejuicios que tuviera Val a su guarida. Pero ni le concedió deseos, ni le dio riquezas y ni siquiera una leyenda para contar con orgullo. Simplemente le habló del futuro, de la era del Gran Caos y la Lucha Final, que con sus ojos verían en años venideros. Y con sus palabras e instrucciones, también le enseño a creer y a tener esperanza.
Esa elegancia oscura que desprendía aquel ser no era más que una profunda sabiduría ancestral protegida por las escamas que cubrían su piel. Aquella bestia era el Principio de una historia, de la cual, ella era también la encargada de velar por su final.
-Sois libres-volvió a repetirles una vez más-Sabed que los que se queden aquí podrán dormir tranquilos, pero los que no deseen continuar y quieran empezar una nueva vida en otra región, tampoco tienen nada que temer por nuestra parte. Nuestra misión es clara: trabajar mano a mano con Metatrón tratando de localizar el despertar de las bestias antes que las tropas de Luzbel.-
Metatrón se encargaría de revelarles la consigna de su existencia, de tal manera que las Bestias no tuviesen más Destino que el que estaba dispuesto para ellas.
Pero todavía era pronto para dar esta última información a la comunidad que allí le miraba expectante. Muchos de ellos no llegarían a ver la luz final, y otros tantos le abandonarían de su empresa en el camino…
Aura, mientras tanto, le miraba embelesada con admiración. Este hombre sabía de lo que hablaba, y mostraba tanta fuerza exterior como la que se le intuía interior. Estaba dispuesta a dejarse llevar por él como guía. Estaba dispuesta a hacer de sus palabras e instrucciones, órdenes. Pero tras ese halo de misterio que le envolvía, tras la capa oscura con la que frecuentemente ocultaba la cicatriz de su ojo, y tras esa seguridad con la que hablaba, había algo más. Tenia demasiada información, de la que parecía ser el único portador, que Bestias de antaño le habían otorgado.
Parecía ser un vínculo terrenal con lo divino, pero su figura siempre se mostraba taciturna y con una melancolía propia del que aún sabe algo más y que no dirá por el momento.

Aura se mantendría fiel a su lado hasta descubrir lo que a Val atormentaba. Y lejos de darle el consuelo que como mujer podría ofrecerle, quería ser su hombro de apoyo, su hermana pequeña y su mejor amiga.
El pueblo tendría que comenzar a organizarse pronto, con un líder claro como todo apuntaba. Y ella quería estar allí, quería ser su mano derecha.
Tania A. Alcusón

Este texto forma parte de un ejercicio La historia enlazada, publicado en el blog de Adictos a la Escritura. Es el cuarto capítulo.

 
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Publicado por en 21 diciembre, 2011 en fantasía