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Archivo de la categoría: escenas

HORA DE SUEÑOS

Todos los años la vida se robaba una hora de sueños. Lo hacía de una manera tan sutil que nadie volvía a reclamarla más. Una hora que no era. Una hora que nunca estaba. Con ella se iban anhelos y deseos que ya no serían formulados ni servirían para aliviar la incertidumbre de las existencias sin esperanza.Pero la última vez, en medio de la noche a esa hora tan misteriosa como irreal, una pequeña victoria tuvo lugar: una niña pequeña despertó a su madre con sollozos adormilados para hacerla consciente de lo que se iba. “¡No, mamá! ¡No quiero! ¡¡Es mío!!” Repetía susurrando en su inconsciencia. Y su madre, desconcertada y sin entender todavía, con un respingo y como acto reflejo la abrazó y le dió un beso en la frente. La pequeña calló al instante con un suspiro profundo mientras su mamá se encogía en un ovillo con los ojos bien abiertos ya en su desvelo. Estaba viendo esos sueños esfumarse como humo. Diluirse en la habitación siendo nada. Podía olerlos con impotencia en su desesperación por atraparlos.

Y, en algún momento entre las dos que eran las tres, y la individualidad perdida de esa madre, la niña le pasó un brazo bajo el cuello y acariciándole la cara en la oscuridad le dijo al oído mientras se perdía en su propia fantasía: “ya, mamá…”

La hora que no existía había pasado y nuevas ambiciones volverían a formarse de nuevo. Siempre lo hacían.

 

 
 

MARTES

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Abrí los ojos y me encontré con un martes lleno de luz que olía a flores frescas de colores. ¿Era esa la huella que había dejado tu paso alegre en la oscuridad de mis mañanas?

Esta noche te espero de vuelta, con la verdadera penumbra tras las persianas. Devuélveme la esperanza, por favor.

 
 

EL PODER INMUNDO

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Un vistazo por encima de las gafas mientras la baba le escurre por el labio inferior y la imagen que le devuelve el espejo apenas le provoca algún tipo de turbación. ¡Hay que ser sinvergüenza! Un tipo patético, con las mejillas encendidas de placer, se debate con dedos temblorosos ante el manjar inmundo de codicia e indiferencia que tiene delante. Le gotean hasta el codo las lágrimas de las naderías ajenas, y ni siquiera tiene la deferencia de limpiárselas de encima cuando el servicio le trae el teléfono que debe contestar. Es su obligación.

—Sí… ¡Pero yo soy el poder que representa a la mayoría y las cosas se harán como yo ordene! …Así está dispuesto y así se hará.

Una arcada de quien le sirve mientras vuelve a su agujero. Y el mandamás, a lo suyo, sigue hurgando la comida con sus dedazos en busca de algo más para aplastar entre sus dientes.

Una cucaracha se escapa del plato, buscando inconsciente de ella, un destino menos podrido. Pero nada más lejos. Apenas unos centímetros más allá de las rancias viandas, un manotazo le cae encima con todo el peso de la ley. Ya nada puede hacer.

—¡Me encanta ese sonido tan particular cuando las aplastas!—Y sonríe satisfecho.

Tania A. Alcusón

 
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Publicado por en 2 octubre, 2015 en escenas, microrrelato, social

 

LA COMPAÑÍA APAGADA

“Caminar a tu lado y sentirme tan sola… No sólo con toda la tristeza que me invade cada minuto compartido sin ti, si no también con vergüenza por tenerte conmigo y no sentirte.

No puedo evitarlo. Ni sé cómo hacerlo…”
Hablaba para la nada. Hablaba a quien la acompañaba.
Y prosiguió su camino arrastrando los pies, sin dejar de mirar al frente, con determinación pero con los ojos hundidos en sus cuencas.

Mientras tanto a su lado, cogida de la mano, su compañía se iba apagando. Se volvía invisible en un camino que ya no registraba sus huellas desde hacía varias conversaciones.

Tania A. Alcusón
 
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Publicado por en 29 octubre, 2014 en cartas, escenas, microrrelato

 

EL CALDERO DE LA FORTUNA

Un sabroso caldo de ideas suculentas rebosaba cada noche su conciencia desde hacía semanas, chisporroteando, cada una de ellas en un caldero humeante.

Aún no sabía cocinarlas de la forma correcta y se le agolpaban a borbotones, a ratos ácidas robándole una sonrisa, a ratos amargas derramándose junto a una lágrima. 
 
El alquimista intuía que la base que iba a dar la consistencia deseada a su caldereta de palabras encadenadas sería una mezcolanza de coherencia apasionada, junto a unos polvos de sonrisa satisfecha. Este toque encandilaría a su público, estaba seguro.
 
Pero con los tiempos bien cumplidos y el repertorio reposado, el momento de su súplica al director del banco se vio arruinado por un vómito repentino y nervioso de palabras inconexas que desataron una carcajada despectiva.
 
El crédito no le fue concedido, como ya venía siendo normal.


Tania A.Alcusón
 
 

LIBERTAD EN LA MALETA

Las siluetas  oscuras de aquellas dos mujeres se dibujaban sin dificultad tras las cortinas de lino, al otro lado del café. El reservado, que recogía su amistad tras años de ausencias, las protegía de miradas curiosas, carentes de sensibilidad y sobradas de un realismo práctico innecesario. Aunque a quién le importaba ya la opinión vacía de los demás…
Buscaron un espacio íntimo para inmortalizar y memorizar en sus vidas la trascendencia de ese momento de intercambio y así, agarrarse con fuerza a una despedida definitiva, espejismo velado de nuevos comienzos.
El trueque de sus regalos eran las experiencias acumuladas en este tiempo de desconexión vital, y allí mismo:
 
 
Una ofreció un bolsón cargado de libros de tapa dura con la promesa de vivir una vida de novela. Momentos ajenos  de personajes inventados repletos de existencias ya contadas. También estaban incluidos en un bolsillo exterior,  una libreta en blanco y un par de bolígrafos, por si faltaba algún detalle por incluir en esas historias.
La otra, entusiasmada, adelantó una maleta vacía que prometía libertad. Apenas una manta para protegerse del frío de la soledad y un fogón portátil para mantener calientes sus ilusiones y poder cocinar nuevos sueños. Ningún compromiso en el tarjetero. Como única información:
  • Nombre: María Expósito.
  • Dirección: Sin hogar. 
 
Tania A.Alcusón
 
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Publicado por en 10 abril, 2014 en escenas, microrrelato

 

CRISTAL VITAL

A través del ventanal inmenso del tren, sentada frente a un hombre mayor que lee el periódico embebido en sus noticias, ve pasar a toda velocidad árboles sin hojas, ventanales abarrotados junto a la vía, campos con varios tonos de amarilo, carreteras paralelas, el campanario que despide el último pueblo de la ciudad…

Tampoco puede dejar de ver su último año frente a una tienda sin clientes, dinero caduco en su cartera, noches desveladas por lágrimas, el hijo que sólo conoció en sus sueños, un marido que prefiere quedarse atrás…

Y más allá del horizonte, entornando un poco los ojos, al fin puede divisar el retorno a casa después de quince años, la habitación que la espera con la calidez de una vieja amiga, sus libros abandonados de economía, el abrazo olvidado de su madre al recibirla en la estación…

Una mariposa de alas azules y negras se posa en el cristal por un segundo. Y ella no puede evitar sonreír.



Tania A.Alcusón
 
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Publicado por en 6 noviembre, 2013 en escenas, microrrelato, reflexiones