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COMPROMETIDO CON LA OBRA

05 Feb
Oculto entre bambalinas, después del ensayo, no puedo evitar una sonrisa augurando mi éxito.
El director se permite darme directrices de actuación… ¡como si no supiera ya cómo interpretar mi papel y hacerlo inolvidable para siempre!
Llevamos ocho meses preparando esta obra, y apenas falta una semana para el gran estreno. Como en otras ocasiones, el papel principal es el mío, y esta vez mi credibilidad sí resultará memorable. No quiero parecer un fanfarrón, pero siempre me meto al espectador en el bolsillo, enamoro a la crítica (y en ocasiones, incluso a alguna compañera que confundida con mis personajes carismáticos cae en mis brazos).
Éste será mi gran papel, el que me encumbre. He luchado por ello cada día de ensayo, superándome a solas en casa ante el espejo; aunque un duende innato me acompaña y me hace brillar ante el gran público.
Estoy orgulloso de mis logros profesionales, porque aún sin haber conseguido ingresar en la compañía del Gran Teatro Nacional, aquí con los de La Buena Estrella soy el artista principal siempre. El papel más dramático, la caracterización más espectacular o la diversidad de registros dispares en un mismo personaje, hacen que la gente pague sus palcos sin pudor para verme actuar. Se dejan transportar a historias irreales que, de otra manera con su imaginación limitada, no podrían disfrutar.
Sólo puedo sonreir ante las reacciones de admiración que, sospecho, despertaré incluso en mis propios compañeros. Será una actuación estelar.
Dicen los colegas del teatro que soy un actor venido a menos, destinado a terminar mis días sepultado por mi ego en obras de pacotilla, y sustituido por algún joven más profesional, más guapo y mejor formado. Me dicen que caeré en el olvido como un Don nadie que nunca consiguió hacer un papel brillante de verdad. El director me grita y pierde mucho los nervios conmigo. Ha perdido ese toque especial que debe tener el director de orquesta en cada obra y me lo achaca a mí. Que estoy muy relajado y que no me lo crea tanto, me dice… ¡Será idiota! Puedo demostrarle que tiene ante sí al actor más comprometido con su papel, y que jamás volverá a encontrar a otro igual.
Con una única función podré demostrar a todos su gran equivocación conmigo. Apenas quedan ya unos días para ver el resultado de toda una carrera de vida. Y el aforo del teatro al completo… ¡Ahhh, será ejemplar!
Sonreír como un capullo es lo único que me sale mientras guardo mi jugada magistral bajo la manga.
Se rumorea en la compañía que es mi última obra ¡Pues será porque yo lo he decidido así, no porque nadie tenga que venir a escupírmelo a la cara! Y mucho menos por las risotadas de esa panda de envidiosos como banda sonora. Todo está calculado ya. Ni siquiera ha hecho falta que busque la ayuda de nadie o que tenga que soltar más dinero del que tenía pensado: el pez globo que compré y sus toxinas (veneno para los humanos) en frasco de bolsillo han sido muy sencillos de conseguir en el mercado negro.
Cuando mamá murió hace año y medio me hizo prometer que conseguiría consagrar mi carrera de actor con alguna actuación sublime. Quería asegurarse de que la cara formación que pagó durante años era ya un fruto maduro tangible que podría servirme de sustento cuando ella no estuviese. Pero el vicio sin control a las drogas, ya forjado en mi adolescencia sin el rasero de su control, me arruinó en poco tiempo el poco dinero que me dejó. Y el teatro, últimamente, no está en su mejor momento, ni siquiera para mí. Ella fue la única que siempre me cuidó y supo aconsejarme.
Un bofetón a una compañera en un affaire privado, y algún que otro golpe más sacado de contexto, me crearon mala fama entre las féminas de la compañía y actitudes de desprecio entre los hombres. Me encuentro bastante solo, aunque lo he llevado bien gracias a la premisa de que estoy mejor solo que mal acompañado. No me importa perderlo todo porque no tengo nada a lo que aferrarme. Quieren que el personaje de Julius muera con dramatismo, y entre un drama inolvidable morirá. Tanto que parecerá real. Claro, porque será real.
Una última comilona en casa antes del gran estreno: sushi preparado a conciencia, crudo y con el maridaje de un buen licor de té verde para dar bien en escena. Y en los camerinos, a media hora para la muerte de Julius en escena, 1ml del veneno japonés en estado puro regará mis órganos mientras el deterioro se hará patente a cada minuto, en cada escena, del final de la obra.
Sólo puedo sonreír ante tan genial plan. No puedo esperar a ver sus caras sorprendidas. No puedo imaginar los ríos de tinta que mi espectáculo provocará.
Tania A.Alcusón
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2 comentarios

Publicado por en 5 febrero, 2013 en escenas, terror y misterio

 

2 Respuestas a “COMPROMETIDO CON LA OBRA

  1. 000latani000

    9 febrero, 2013 at 10:44

    Pues claro que sí, si se dedica uno a algo, hay que morir por ello!! jajaja!! como este hombre, que aunque sea por orgullo, pero él impondrá su última palabra, jeje!
    Muuuuack!! muchas muchas gracias Pedroooo!! 😉

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  2. PJGA

    5 febrero, 2013 at 16:14

    Eso si que es dedicación plena al teatro y lo demás son tonterías. Me encanta lo cojonudo que es el texto y lamento que no lo hayas podido presentar al taller de escritura. De todas maneras, y siempre te lo diré, dejando el listón bien alto.

    Muchas felicidades y un beso enorrrrrrrme!!!!

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