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Archivos Mensuales: enero 2012

POR SI LAS MOSCAS

    
     Trato de huir por la ventana de su habitación. Ya me he cansado del olor de sus pies y de su aliento mañanero. He pasado demasiado tiempo en este lugar.
Sé que no le gusto porque cada vez que me intento acercar para recrearme en sus olores, los aspavientos de sus manos me apartan de su lado. Cuando necesito descansar, al posarme, juega a un juego macabro en el que él me persigue dando golpes con diferentes objetos en la superficie que me encuentre, obligándome a alzar el vuelo de nuevo. ¡No me deja parar!
     Cuando era pequeña, me gustaba quedarme en lugares más abiertos, como el salón o el recibidor, que me comunicaban con toda la casa y eran más tranquilos. Recibía todo tipo de estímulos olfativos y era ideal para aprender a utilizar mis alas correctamente y hacer “horas de vuelo”. Desde allí, con el calorcito del atardecer y apoyada sobre la barandilla, frotaba mis patas con placer buscando el olor más rico para mí. Y ese era mi siguiente destino.
Me considero una mosca bastante aventurera, la verdad. Me encanta conocer moscas sabias y moribundas que me cuentan cómo son las cosas en lugares lejanos, aunque sólo se han cruzado en mi camino dos. Una de ellas, me reveló entre estertores que existe un paraíso repleto de comida fácil y sin peligros fuera de aquí, pero que no todas llegamos a alcanzarlo. Tampoco todas saben alcanzarlo: debes seguir muy bien tu instinto y confiar ciegamente en ser uno de los Elegidos.
     Es por eso que ahora deseo escapar de aqui y marchar intentando llegar a esa quimera maravillosa. Sé que puedo lograrlo. Además he tenido señales que he sabido interpretar perfectamente: he visto que existen otros sitios donde los grandes ríos no mojan aunque te poses sobre ellos, y hay otros seres que te miran fijamente y ni siquiera pestañean cuando te acercas. Viven confiados en su ventana aunque no se puede pasar. Sólo están ahí para que los mires y te mueras de envidia. Así de primeras, parecen destinos un poco aburridos porque todo está quieto, no se mueven ni una pizca.
Pero yo lo imagino lleno de luz y calor, con otras moscas (quién sabe, quizás encuentre una pareja allí y podamos tener descendencia!) y comida abundante… ¡Mmm! Las moscas viejas, me hablaron también de los desechos animales, tan sabrosos y olorosos. Puedes encontrarlos en cualquier parte y por lo visto, si te alimentas durante mucho tiempo de ellos, ¡¡te dan un poder inmortal especial y sufres una metamorfosis que te cambia hasta el color!! ¡¡Te vuelves verde y más fuerte!!
     Noto que estoy en las últimas, siento mi cuerpo más pesado y estoy torpe: no atino a salir por el lugar correcto, pero sé que estoy en el buen camino. Puedo ver un lugar desconocido al otro lado del cristal, y siento el aire fresco, que me atrae por sus olores irresistibles, entrando en corriente por alguna rendija de algún lugar. Cerca.
He pasado toda mi vida buscando ese paraíso, ¡y he de llegar a él!
Y mientras sigo intentando, en vano, salir de aquí, he decidido tomar un poco de vaho frío que cae en pequeñas bolitas por el cristal para tomar fuerzas.
Si él descubre que empiezo a flaquear, finalmente sus golpes estruendosos me darán alcance y puede ser fatal para mí.
     En mi pequeña mente, hoy sólo cabe un pensamiento matutino:

“Hay algo peor que ser una mosca cojonera… Rodearte de mierda por todos lados y que no te resulte placentera”

Tania A.Alcusón

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Publicado por en 26 enero, 2012 en fantasía, reflexiones