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Archivos Mensuales: noviembre 2011

ANTIPERSONAS

“Tienen la panza vacía, pero van mordiendo una zanahoria, dejan sus frías casas, van andando por las calles aún más frías y llegan a las aulas igualmente frías. Holanda ya ha llegado al extremo de que por las calles muchísimos niños paran a los transeúntes para pedirles un pedazo de pan. Podría estar horas contándote las desgracias que trae la guerra, pero eso haría que me desanimara aún más. No nos queda más remedio que esperar con la mayor tranquilidad posible el final de toda esta desgracia. Tanto los judíos como los cristianos están esperando, todo el planeta está esperando, y muchos están esperando la muerte”

Ana Frank, Diario

     El programa “Informes del mundo” presenta cada semana la situación actual de diferentes regiones del mundo, con sus penas y sus alegrías,  sus ilusiones y sus desengaños, sus crisis y sus remontadas. Sus gentes, costumbres, modos de vida. Postales mundiales con matices en sepia para hacer más lejano lo que, ya por sí sólo en un mapa, resulta tan ajeno.
Todos los martes por la noche, Cecilia lo sigue desde el sofá de su casa y se deja empapar de historias de otros que llenan su soledad. No siempre son historias divertidas y emocionantes, de hecho, las que prefiere ver son esas historias oscuras de pobreza, las historias de catástrofes y desgracias, o las que muestran más desnudo al ser humano en su indignidad. Por un breve momento aportan luz sobre su hipocondríaca existencia y la golpean con un tortazo de realidad directa a su consciencia.
     Hipnotizada, mirando ese póster panorámico de 32 pulgadas, su mente se recrea en la memoria de aquellos días con olor a regaliz y cuadernos. Y recuerda cuando no podía dormir alguna noche si los niños del colegio no la habían dejado jugar en el recreo porque llevaba gafas. Y recuerda sus lágrimas calientes resbalando por su cara cada vez que las niñas de la academia de baile no querían incluirla en su círculo de cuchicheos porque tenía aparato en los dientes. Y recuerda, también, cuando se miraba en el espejo y no se gustaba, y sentía que tampoco gustaba a los demás. Esa sensación perturbadora que la removía por dentro…
     Y hoy, superados esos traumas infantiles que la hacían verse tan desigual, mira entretenida la televisión. Se fija con curiosidad en otras realidades del mundo, que lejos de despertar en ella un rechazo a esas diferencias, despiertan su compasión y, de alguna manera, le incomodan la conciencia. ¿Se puede ser feliz en esas condiciones?
     Sigue con la mirada los movimientos rítmicos e irregulares de un grupo de niños saharauis en un campamento de refugiados de Argelia. Juegan, ajenos a la situación que viven, persiguiendo un balón en lo que parece un intento de fútbol infantil que resulta un poco ridículo.
Todos ríen, corren, patalean y, con movimientos mecánicos y sincronizados, tan inusuales en un niño, se divierten con risas despreocupadas.
Las gruesas gotas de sudor que les caen, les limpian el polvo que tienen pegado en la cara y que cubre sus camisetas desgastadas. Mientras el sol cae con fuerza sobre ellos y cocina sus pieles tostadas reconstruídas sobre los hierros ensamblados.

     No es la individualidad de cada niño que juega la que la mantiene pegada a la pantalla. La retiene esa masa colectiva que representan todos juntos por lo macabro de su situación. Esos niños tienen una fortaleza inocente que no ha conocido otra verdad, y conviven en su camino a casa con las minas antipersonas como si de piedras se trataran. Andan atentos, pero ahora ya más tranquilos, porque ya saben distinguir por experiencia propia cuales son las que no deben pisar. No pueden escapar dos veces del que trae la capa negra, pero son tantos los afectados en el campamento, que quien ya lo ha pasado no tiene claro si tuvo mala suerte o lo que conserva es un trofeo de vida.
Todo es un juego, aunque en su mundo, arriesgarse puede significar perderlo todo.
Las minas antipersonas tienen un protagonismo especial en esta pequeña sociedad que representa el campamento: se han llevado muchos miembros de familias y muchos miembros de personas. Son minas que odian a las personas, que les hacen vivir alerta sobre sus pasos con miedo a una mala pisada coartando la libertad de cada persona que desee andar libre por los caminos, o haciendo que viva con miedo a que lo hagan sus hijos. Les cambian la vida, cuando no se la quitado antes.

Un amasijo de piezas robóticas unidos a cuerpos humanos que logran una sincronización cuasiperfecta para terminar de completar unos cuerpos escalofriantes. Movimientos mecanizados que se rigen por un mismo patrón y llenan de normalidad una comunidad anormal. Y risas inocentes que dan frescor a esa realidad atroz que viven mientras se dirigen con sus zapatillas Nike, salpicadas de horror, hacia la cámara que, curiosa, juega con ellos en su mundo de carencias.

     Un ejército humano automatizado con piezas ajenas, de cintura para abajo en el mejor de los casos, que es una realidad, según los Informes del Mundo, en muchos puntos del Planeta. Pero no es un ejército de máquinas, ni siquiera es un ejército de soldados. Sólo son supervivientes perpetuos que han pagado para el resto de su vida el pasar por un lugar inadecuado en un momento equivocado. Que pagan perpetuamente vivir donde nacieron. Que liquidarán con sus vidas el pertenecer al bando de los civiles, que es el que siempre sale perdiendo.

Cecilia, se levanta del sofá, apaga la tele y se mete en la cama. Antes de dormir, imágenes fugaces de las historias de los niños robot se quedan grabadas en su mente. Por un momento trata de ponerse en su situación, pero pronto refiere repasar mentalmente la lista de la compra para mañana. Muchas cosas que hay que hacer y poco tiempo con el que se cuenta…

Tania A. Alcusón

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Publicado por en 24 noviembre, 2011 en escenas, reflexiones, social

 

LA HUÍDA

     —Huyendo. Por la dinámica corporal que muestra el cuerpo, podríamos asegurar que se encontraba sóla en el parque huyendo de algo o de alguien. Tras el árbol donde ha sido localizada se han detectado varias huellas todavía por determinar. Por ahora vamos a seguir esa pista. ¡Vamos chicos, esta noche toca trabajar duro!
 
     —¡¿Cómo he podido, cómo he podido!! ¡Joder! He sido cómplice… Yo. Pero… ¡yo no quería participar! Algo salió mal… ¡¡Coño!! ¿Por qué no llamé a la policía? ¡¿En qué estaba pensando?! No, no, no… Ahora ya no puedo volver a casa. Ya no puedo volver al barrio. Todos lo sabrán ¡Ya no! He sido tan mala, ma-la, ma-la, maaa-laaa… ¡¡Ahhh!!
     Corría por el parque cuando Susana tropezó con la raíz de un árbol y cayó al suelo.
Las gotas de sudor que recorrían su frente eran las lágrimas que su piel aún exudaba, pero el dolor de su alma todavía no había encontrado una salida. Y sus uñas… sus uñas, haciendo las veces de pañuelo, roían su cara apartando el sudor, el pelo… e intentando apartar también su vergüenza.
     “¡Jajaja! ¡Reconoce que te gustó, Susana! No apartabas la vista, ni siquiera la dejaste ir…”
—¡¡Nooooo!! ¡¡Joder, no mientas!! ¡Yo no estaba disfrutando! No quería, ni siquiera tenía que haber estado allí. No debería haber ayudado a ese cerdo, ni siquiera debería haberla tocado a ella, mi muñequita… No-no entiendo qué me ocurrió… —Enseguida se puso de pie, y dando vueltas sobre sí misma, un paso adelante, un paso al lado, aún se dejó caer dos veces más al suelo, para reponerse dando más traspiés y volver a caer de nuevo.
     —Sus brazos estaban relajados, aunque semiflexionados. Pero con toda certeza intentó defenderse antes de recibir tan horrible mutilación. Tenía arañazos en la cara, en los brazos e incluso en las piernas, aunque no ha habido indicio alguno que nos lleve a pensar en el móvil sexual. Tampoco se han encontrado fragmentos de ADN en sus uñas todavía.
¡Apártense, por favor! Dejen trabajar a los compañeros.
Es cierto, tenía algún desgarro en la camiseta, pero no ha habido agresión sexual. Su ropa interior seguía puesta, sin marcas, y no hay ningún tipo de resto seminal, ni dentro de ella ni en los alrededores. Más bien, parece que han querido ensañarse con ella, parece que querían darle una lección, quizás un ajuste de cuentas, antes de matarla…
 
     Llevaba una navaja en la mochila y una tableta completa de Diazepan. Malos ingredientes para su cóctel de nervios.
     “Vamos Susana, ¿a quién quieres engañar? Juraría que disfrutabas, que hasta tus bragas se mojaron mientras mirabas el espectáculo. ¿No llevaste la mano entre tus piernas para jugar un poco mientras ocurría todo? Dí, dí, ¡admítelo! Hasta que viste la sangre, tú también pensabas jugar… ¡lo sé!”
—¡¡Noooooo!! ¡¡mentira, men-ti-raaa!! ¿Por qué me dices esto? ¡Sal de mí! ¡Tú no eres yo! No sabes lo que yo sentía, nadie puede saberlo… ¡Yo la quería! ¡¡Yo no me toqué, yo no me toqué!! —Sus manos, presas de su locura, se aferraban a su camiseta, y tiraban y estiraban hasta que cedió y se rompió en el pecho y en un lateral. Pero su demonio seguía allí, a él no lo había roto, ni lo había sacado. Ni siquiera lo había intimidado.
Su mano, despistada, se había colado en la mochila, y ya tenía la navaja abierta.
     —Ha sido una desgracia para todos. Nadie podría imaginar algo así en nuestra comunidad. Siendo un pueblo tan pequeño, es imposible que semejante depravado esté viviendo entre nosotros… Y además justo ahora… ¡¡Acaba de aparecer, hace unas horas, su mejor amiga en estado de shock tras una violación en extrañas circunstancias!! Es una desgracia, una desgracia… Y era tan buena chica… ¡¿Qué nos está pasando en el barrio, Dios mío?!
 
     “Y todo, ¿por qué, Susana? ¿Por impresionar a José? ¡No, no, no! No has sabido aceptar las reglas del destino. Sólo fuiste un polvo más para él, acéptalo. Pero ella… ella le gustaba de verdad. Mucho más que tú. Y vas y se la pones en bandeja… ¡¡Eres imbécil!!”
—¡Déjame, déjameeee!
“Te gustó ver cómo la obligaba… ¡Siiiii! Y tú prestándote a llevarla al parque engañada, ¡para que él se la follase sin miramientos!! ¡Jajajaja! ¡Qué estúpida! Y disfrutando de lo que veías, como una zorra…”
—¡No, no, no, no, no, no!
“¡Pero si tú la sujetabas de las muñecas! Y mientras Jose se la metía, te miraba a tí a los ojos… ¿Realmente creíste que te lo compensaría? ¿Que te daría su atención a cambio de tu sacrificio? ¿que así obtendrías las migas de “su amor”? ¡Venga ya! ¡Qué inocente, jajaja!
—Él me miraba porque estaba agradecido… Su mirada era ternura. No lo entiendes. Y ella… ella… estaba tan bonita sometida a él… ¡Pero no lo disfruté! Podría haber sido de otra manera si ella le hubiese aceptado por las buenas… ¡No lo disfruté!
“Te tocabas Susana, te estabas tocando”
—¡Noooo! —Sóla, en el parque, empezó a gimotear.
     —Por favor, no se acerquen más. Permitan a los forenses recoger las pruebas…
Mmmmm, sí, no puedo adelantarles mucho más. Pero confirmaré la filtración de que uno de los globos oculares estaba fuera de su cuenca, y de su mano izquierda falta el dedo corazón, que se encontraba al lado del cadáver. 
Por lo demás, barajamos la posibilidad de que muriese desangrada. El arma homicida ha sido localizada sobre el cadáver. Muy astuto el cabrón…
Tenemos desplegados todos los medios a nuestro alcance. La justicia se encargará de él. Esto no quedará así mientras sea yo quien está al mando.
 
     Primera pastilla a la boca. Tenía la boca seca y la pastilla no pasaba. Daba igual, otra, y otra, y otra. Todas a la boca. Las masticaba mientras los ácidos se disolvían en su boca adormeciéndola. No adormecían al demonio, y no adormecían su conciencia, pero su cuerpo se iba rindiendo al desplome apoyada en el árbol.
La navaja, reposando y señalando su dedo corazón, le recordaba su pecado. Cada vez se clavaba más. Apenas la sentía mientras miraba horrorizada el resultado de su crisis. Seguía hendiéndose en su dedo, más y más. Incapaz de pararla.
     —No lo disfruté, no lo disfruté, ¡no-lo-dis-fruuuuu-teeeee! —Estaba en un trance del que no era capaz de salir.
“Ahora tienes que pagar tu pecado, Susana. Les demostrarás a todos que las chicas buenas no existen”
—¡Yo no soy mala!
     Con la mano chorreando sangre, y el dedo colgando, ya débil, notaba como la vista comenzaba a nublarse. Respirando hondo no conseguía controlar su cuerpo. Y ahora su demonio le hablaba sobre lo que vió:
“Tus ojos ya no son puros, Susana, han visto cosas  que no se deben ver, y lejos de alejarte del mal que presenciabas, no podían apartarse de tu amiga, de tu muñeca. De tu ex-novio. De sus cuerpos unidos con violencia. Y tú deseabas ser ella. Y tú deseabas ser él… ¡¡Y tus ojos te permitieron asistir a ese espectáculo de mierda!!
     La navaja en la cuenca de su ojo hizo saltar la visión horrible de la violación, pero sus cuerpos aún seguían  grabados en su retina y en su cerebro. Esa danza diabólica en la que uno llevaba a la otra no se había borrado, y era evocada una y otra vez en su mente retorcida.
Pero no era una pesadilla, sólo un mal recuerdo.
Sus manos… Con ellas había sujetado a su amiga mientras la violaba su amor… ¡Cómo había podido ser tan ruín!
     “Volverías a hacerlo”
     La navaja volvía a jugar en su mano, esta vez en la muñeca contraria. No entendía lo que estaba ocurriendo: su cuerpo ya no respondía y ya no sentía apenas, pero todo se iba nublando más y más.
     —Yo no soy mala, no soy mala, soy mala, mala, mala, ma-la
     Y su alma oscura la observaba mientras cerraba los ojos, ya sin fuerzas para discutir más. Orgullosa de su hazaña en esa huida infructuosa.
Tania A. Alcusón

Relato ganador del Concurso de Relatos de Terror de la revista digital Nosolofreak Noviembre 2011

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Publicado por en 3 noviembre, 2011 en escenas, terror y misterio