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ASUMIENDO LOS RIESGOS

08 Jun
 
     Llegó tarde a su cita con la muerte en el Hotel Parcero. Ahora se encontraba, por escasos segundos, en una cama de aquel hospital tercermundista esperando impaciente la llamada de Marisa, su mujer, desde España. Por escasos segundos no estaba en una caja de pino barato repatriado en Soria para ser incinerado como su padre.
 
     Cuando meses atrás aceptó el trabajo, tan bien remunerado, de la agencia para cubrir el reportaje sobre las jerarquías en las guerrillas colombianas, ya conocía los riesgos. Pero ahora, allí tumbado, fuera de su país, y dándole vueltas a la cabeza, entendía que nunca estuvieron realmente asumidos. Ahora, sólo le salía poner una sonrisa a medias en su boca al recordar esa avería del autobús viniendo del pueblo colindante que le dio el tiempo suficiente para llegar a ser un mero espectador.
Fue el espectador de Paula, tan bonita con su vestido de flores, que le esperaba en aquella puerta de muerte del Hotel Parcero. Hotel que durante varios días disfrazó su aventura romántica de trabajo informal gratamente remunerado. Alcanzó a verla al tiempo que un tipo entraba por la puerta de al lado con cargas de dinamita a la vista y con actitud amenazante hacia cualquiera que le mirase descaradamente. Con un gesto rápido de su brazo derecho sacó una metralleta ligera de su abrigo arrasando con todo el que tenía cerca.
La despedida apenas alcanzó a ser una sonrisa lejana de Paula, que le divisó en la distancia bajando del autobús. Un amago de mirada dulce por microsegundos. Después, el horror.
Tras ese instante, Rubén ya no recordaba nada más de manera nítida. Entre la nebulosa de ecos y flashes de sus compañeros de profesión podía escuchar todavía en su mente los gritos frenéticos del verdugo justo antes de detonar las bombas mientras todo se fraccionaba ante su mirada que no daba crédito. También Paula, que aún le sonreía.
 
     En el hospital le dijeron que avisarían a Marisa. Pero tras dos horas sin noticias, sin llamadas ni mensajes histéricos tipo “cariño, no te mueras aún, yo ya voy para allá”, ya iba perdiendo la esperanza de que su mujer, siempre dispuesta para él y sus dolores, se pusiera siquiera en contacto con el hospital para interesarse por su estado.
No debería haber estado viendo a Paula. Siempre le ocurría lo mismo. No se quería enamorar de nadie porque ya estaba enamorado de Marisa. No necesitaba otra mujer, ni otra familia. Pero ellas en cualquier parte del mundo, mujeres ligeras de ropa, de escrúpulos, y tan dispuestas siempre, le esperaban desconociéndolo para adularle por su tez morena y sus ojos color miel. Ellas siempre consentían y buscaban cualquier tipo de familiaridad fingida que sólo le recordaba que era un hombre lleno de instintos fuera de su casa. La tentación estaba demasiado al alcance y su trabajo de reportero no era sino una invitación más para seguir así. Por eso le gustaba tanto.
 
     Pero ahora debía asumir el riesgo. Quizás Marisa no quisiera llamarle y ya estuviese cansada de los mismos juegos una y otra vez…
O quizás sólo era que no habían podido contactar con ella aún porque ella seguía en España y ttenía mucho trabajo en la pastelería. Al fin y al cabo era Navidad.
 
Tania A. Alcusón

Safe Creative #1204171491479

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4 comentarios

Publicado por en 8 junio, 2011 en escenas, reflexiones, social

 

4 Respuestas a “ASUMIENDO LOS RIESGOS

  1. 000latani000

    5 enero, 2013 at 00:45

    Jajaja, Candela!! Él es el verdadero protagonista de la historia. Él y su realidad, quién no comete errores de los que se arrepentirá toda su vida? Y cuándo eres consciente de que la has cagado, aparece el miedo…
    Gracias nena! Muuuack!

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  2. Candela

    30 diciembre, 2012 at 22:58

    ¡Me has hecho empatizar con este hombre! No te lo perdono…

    Un abrazo ^^

    Me gusta

     
  3. 000latani000

    14 diciembre, 2012 at 02:20

    Joder Pedro!! Que me sacas los colores, chiquillo!!

    Es la grandeza que tenemos los que soñamos (y sí, te incluyo porque escribes, y si escribes, sueñas), somos capaces de cambiar el registro dependiendo del escenario que nos ocupe en la mente…
    Esa era la idea de este catálogo humano: tratar de que todos podamos sentirnos un poquito identificados, y qué mejor manera que buscar esa cercanía en los sentimientos y las pasiones.

    Me encanta que lo hayas percibido. Muuuuuuuchas gracias por dejar tu huella y tus impresiones por aquí!
    Muuuuuack!

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  4. PJGA

    10 diciembre, 2012 at 17:12

    Sin palabras me he quedado… Lo mejor de conocer un poquito la musa que te inspira es que leo algo en lo que pienso “a ver que escena de Saw veo esta vez” y zas, en toda la boca… Vas y cambias de registro.

    Me parece sublime como eres capaz no ya de mover las pasiones en algunos de tus relatos, sino convertir esa pasión en algo más instintivo que romántico. Cada día que te leo me sorprendo más… eso si: Todo para bien ¿eh? 😛

    ¡Un beso muy grande y hasta pronto!

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