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Archivos Mensuales: mayo 2011

CAMBIOS

 
 
 
     Mi hermana Gabriela está rara. Todos lo saben y hablan entre ellos: mis papás a los tíos y a las yayas, sus profes a mis papás, y hasta sus amigas cuando vienen a casa a hacer fiesta de pijamas. Está distinta.
Todo el tiempo quiere estar sola y se encierra en su habitación con la música súper alta. Se enfada siempre con nosotros, por cosas que hacemos y también por cosas que no hacemos: si mamá hace la cena, se enfada porque no es la que le gusta a ella, y si no llega a su clase de baile, se enfada con papá porque no la llevó con el coche. 
¡Yo no la entiendo! Grita y llora como si fuera una niña pequeña. Como un bebé. Yo sólo tengo seis años, pero yo ya no lloro cuando pido juguetes a mamá.
 
     El otro día, cuando estábamos en casa de los tíos de Segovia, mi papá le dijo a mi primo Luis que Gabriela tiene un pavo. ¡Tiene un pavo! Ahora resulta que Gabi puede tener un pavo y a mí no me dejan tener un gatito, ¡qué morro! ¿Y dónde lo tiene? ¡Si en su habitación está toda la ropa tirada y sólo tiene peluches!!
Esa tarde, Gabi pasó todo el rato con la prima Ana. Sólo cuchicheaban y se reían todo el tiempo mientras miraban al primo Luis. El primo las  miraba y se reía con papá. Y yo, que me preguntaba qué era tan divertido y por qué nadie me lo contaba, fui a la cocina y escuché a mamá decirle a la tía que Gabi ya era mujer. Aunque yo la veía igual que siempre: no llevaba faldas cortitas ni tacones porque mamá no la dejaba, ni tampoco podía pintarse los labios. ¡Era la misma!
 
     Entonces, Gabriela, desde el comedor empezó a gritar como si estuviese loca, correteando de un lado a otro y llamando a mamá. Cuando me asomé para ver qué pasaba, la prima Ana estaba tronchada de la risa y la señalaba con el dedo. Mientras, papá se fue a la cocina y le dijo a mamá que Gabi estaba mala y que se había manchado un poquito el pantalón. Pero que no pasaba nada, que no se asustase.
Gabi seguía chillando, se fue corriendo al baño y se encerró allí. Entonces mamá cogió su bolso y se fue al baño con ella. Yo me quedé cerca, apoyada en la pared del pasillo, por si Gabi necesitaba un vaso de agua, y por si veía de lejos la mancha de su pantalón o con qué se había manchado. Como tenían la puerta cerrada no pude oír muy bien, sólo algo como que Gabi se quitara las braguitas y se lavara el culete. ¡Jajaja! Yo creo que se había hecho caca encima y por eso se puso así, por la vergüenza. Y que por eso también se reía la prima Ana. Y mi madre diciendo que ya era una mujer…
 
     Cuando salieron del baño miré mucho sus pantalones mientras me apoyaba en la pared, pero no vi ninguna mancha cuando se iban hacia el comedor. Mamá le dijo algo al oído y Gabi se volvió. Me pilló mirándolas y puso cara de enfadada. Entonces volvió al baño, y al pasar a mi lado con un paquetito en la mano, como yo estaba en el medio, me empujó contra la pared y me dijo la muy chula: 
-¡Quita niña! ¡Cuando seas mujer, ya sabrás lo que es esto!
 
Tania A. Alcusón

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Publicado por en 19 mayo, 2011 en escenas, infantil

 

TRIBUTO AL EMPLEADO FIEL: VENGANZA

     No te asustes por la situación ni por cómo te encuentras ahí sentado.
Aunque no nos conocemos personalmente, el fruto de tu libertinaje está grabado en mi pasado y ahora, desde el presente, con las heridas aún cicatrizando quiero que te quede claro que tus actos tienen consecuencias: ellos trabajaron para tí siendo “el empleado fiel” que siempre salvaba tu reputación, pero olvidaste tu parte del trato, olvidaste que seguían sacando el trabajo que tú no sabías cuidar salvando de ese modo tu pellejo. Y dejaste de pagar sus sueldos sin una disculpa, otorgándote un indulto que nunca nadie entendió… No dejaste participar a tu conciencia y podría haberte dado algún buen consejo.
     Hoy quiero que pases una prueba, mi prueba.Y ahora seré yo quien pone las reglas del juego.
Ante mi mirada, que no tendrá compasión por tí, quiero ver cómo sales de ésta ya que ellos tuvieron que hacerlo jugando a tu manera…
Para evaluar lo que ocurra estás tú sólo. Tú vas a llevar el camino y el peso de tu salvación.
     ¿Puedes sentir el abandono y la soledad del que no sabe cómo continuar adelante, en esta sala fría y diáfana?
     Tienes ante ti un espejo que te devolverá tu patética imagen cada segundo. La imagen de alguien que está tratando de entender por qué le ocurre esto, cómo debe actuar o por qué debe hacerlo así siendo una voluntad ajena.
Te explico:
La urna que tienes sobre la cabeza contiene, en euros, cada uno de los miles y miles de los que has privado a tus empleados bajo la falsa promesa de “el lunes que viene”. Tenías el valor de seguir mirándoles a los ojos y continuar prometiendo “el lunes que viene”. Así hasta más de 60 semanas… estando enterado de la angustia que iba detrás de muchas ilusiones rotas, embargos de viviendas, rupturas de parejas e incluso problemas familiares para poder comer. Pero siempre era “el lunes que viene”, y ese lunes nunca llegó.
Casi un año y medio es demasiado tiempo al final ¿no crees?
¿Vas a poder resolver esta incertidumbre y aguantar el calvario de sentir todo su peso sobre tu cabeza en sólo seis minutos?
Trata de mantener la cabeza impasible para poder realizar una planificación de tiempo perfecta, silencia tus nervios y lleva tu dolor a un plano secundario.

     La urna soltará monedas desde una distancia de 50cm sobre tu cabeza -que tienes sujeta con un arnés- en intervalos de 5 segundos. Hasta que hayas pagado toda tu deuda. Vas a sentir cada euro robado caer como una losa en tu cabeza… De hecho, no vas a poder pensar en otra cosa.

Y no haré falsas promesas: sólo vas a salir de aquí si puedes soltar esos arneses que te fijan rígidamente la cabeza al cuello y los que fijan tu propio cuerpo al asiento. Busca dentro de ti, puede que no estés tan vacío como piensas:
– Te ha costado dar a los demás lo que tenían ganado por derecho. Así que la primera llave la debes buscar en ese brazo que tanto ha acumulado para sí mismo, y que sólo daba limosnas, no lo que correspondía…
Ha sido una labor de chinos, pero puedes buscarla entre los tendones de la muñeca y los huesos del antebrazo. Es la única pista que puedo darte ¡el resto del trabajo debes hacerlo tú! Con esta llave soltarás tu cuello y cabeza del arnés, pero seguirás atado al asiento, por el pecho, con correas.
– Para localizar la segunda, debo darte la localización exacta: con toda la información y aún así sentirás el sudor correr por tu frente. Te lo aseguro.
He creado un paralelismo para que lo entiendas: como esta llave desactivará el sistema de expulsión de monedas, la podrás encontrar en una zona de “reserva” de tu cuerpo. Debes buscarla tras el pliegue de la bolsa que contiene tus grandes tesoros de hombre, esas reservas para continuar tu estirpe de ladrones: una zona que te hará dudar si  abandonarte a mi suerte finalmente.
La herida todavía esta abierta, creo, y ha quedado hecha una chapuza. Pero considéralo una ayuda, así no tienes que abrirla tú.
– Y así, espero que exhausto y casi sin fuerzas,  y todavía en la silla, la última de las llaves, la que te dejará salir de este horror, la podrás encontrar en la boca de tu estómago. Así de simple.
Con un corte fino y poco profundo, y los nervios acumulados por esta experiencia, ella caerá por sí misma. Descuida que no te llevará mucho tiempo ni apenas dolor, sólo alguna pequeña molestia. Con la suerte de tu parte, quizás asqueado por lo que has hecho, las propias náuseas que te sobrevengan quieran expulsarla.
     Y ahora, si tienes fuerzas, ganas y ánimo, trata de salir de aquí por tu propio pie y continúa con tu vida como si todo siguiese igual…
Tania A. Alcusón

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DICE EL HIJO

     Quiéreme, y siénteme, y compadécete, y llórame…
     Dame motivos, por favor, para pensar que aún sigo siendo tu primer pensamiento del día y que siempre seguirás exprimiendo tu persona para hacer más caldo de preocupación por mí.
Déjame pensar que sí te importa lo que pasa por mi cabeza, aunque no lo entiendas ni lo compartas.
     Regálame tu apoyo incondicional aún a costa de pisar espinas, aunque te cueste la vida… pero que me proporcione el agridulce consuelo de mirarte y saberte todavía conmigo.
     A cambio, sólo te puedo ofrecer un altar de lágrimas por haberlo intentado todo y estarás a salvo de mis demonios internos.
Tania A. Alcusón
Relato finalista en el I Certamen de Microrrelatos de la Escuela literaria En el camino

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Publicado por en 1 mayo, 2011 en cartas, microrrelato, reflexiones